Creó un negocio muy original, tuvo 1.000 clientes y casi pierde todo, hasta que tomó esta sabia decisión

Creó un negocio muy original, tuvo 1.000 clientes y casi pierde todo, hasta que tomó esta sabia decisión
Virginia Solía necesitaba un trabajo que le permitiera estar con su bebé y tuvo una idea que cambió la tradición de los regalos corporativos
Por Gonzalo Otálora
19.04.2021 17.24hs Actualidad

Todos buscamos una idea revolucionaria, capaz de cambiar el mundo y que nuestra marca se vuelva un símbolo de innovación. Y mientras pensamos esa gran idea, y pensamos y pensamos y no aparece nada, otros, descubren una pequeña falencia, un simple error y la rompen. Así fue como Virginia Solía se convirtió en emprendedora, creando BG Company. 

Ella trabajaba en una multinacional, y quería ser dueña de su negocio para poder estar más tiempo con su hijo recién nacido. Mientras estaba de licencia por maternidad en su casa, una mañana le tocan el timbre. Un motoquero traía en su mano un canasto de mimbre repleto de peluches y flores con una carta de felicitaciones firmado por la empresa donde trabajaba.

Mientras pensaba dónde dejarla, tuvo una revelación. ¿En vez de invertir tanta plata en esto, por qué las empresas no invierten en algo que realmente sea útil para las madres? No era la gran innovación, no iba a revolucionar el mundo, pero sí iba a lograr llamar la atención de las Gerencias de Recursos Humanos.

Antes de desarrollarla, Virginia la testeó con una amiga que era jefa de Recursos Humanos en una empresa. "Le dije: 'Si yo te vendo una caja llena de productos para agasajar a tus empleados, ¿vos la comprarías?'", rememora, "le pareció una idea brillante. Me dijo que hacía tiempo buscaba un proveedor que no ofreciera las flores tradicionales".

Entusiasmada, Virginia armó tres medidas de ajuares cilíndricos, que contenían ropa para el bebé, chupete, babero, mamadera y los productos de limpieza y cuidados imprescindibles para las primeras horas posteriores al nacimiento. A poco de comenzar, la contactó un empresario buscando sus regalos. Le contó que una empleada le había pedido si podía cambiar las flores por pañales. "Me dijo que en ese momento se dio cuenta que ese dinero se podía destinar a algo más útil", recuerda. Con esa misma necesidad, empezaron a llegar cada vez más clientes. Virginia estaba sorprendida. Recién empezaba y todo iba muy bien, demasiado bien.

 El desafío de ser madre, ama de casa y emprendedora

Aunque prósperos, los comienzos fueron muy agitados. Virginia se ocupaba de todo: el bebé, la casa, el emprendimiento, las visitas a las empresas para que vean el producto, la logística para entregarlo el mismo día en que lo encargaban y más. "Las empresas no esperaban, si el bebé había nacido a la mañana, querían el regalo a la tarde", explica la madre y emprendedora "hubo que ajustarse a ese ritmo vertiginoso".

Aunque fueron tiempos agitados, Virginia los recuerda con gran cariño: "Lo mejor fue poder estar con mi hijo y trabajar. Fueron años muy lindos".

Con menos de dos años de vida, BG Company tuvo que atravesar su primera crisis: la crisis del 2001. "Las ventas bajaron bastante, un regalo era el primer beneficio que las empresas sacaban porque no era un artículo de primera necesidad", recuerda Virginia. En simultáneo, ella atravesaba una crisis familiar: ese año se separó de su esposo, con quien había tenido una segunda hija recientemente. "Fue volver a empezar en un montón de aspectos, con la empresa y los dos bebés, fue bastante duro", recuerda.

Virginia Solía, fundadora de BG Company

Poco a poco la situación se estabilizó, la economía empezó a mejorar y sus clientes comenzaron a demandar regalos para otras ocasiones. Primero fue el Día de la Secretaria, después el de la Madre, el del Niño y así. Al principio los preparaba para alguna compañía en particular, luego los sumaba a su catálogo de productos y se los ofrecía a toda su cartera de clientes. Hoy abarca también cajas navideñas, otras para la vuelta al colegio, una línea de eco regalos y más.

En medio de esa curva ascendente de prosperidad, apareció un proveedor muy particular. Eduardo Salas comenzó haciendo trabajos de diseño gráfico para Virginia y con el tiempo, empezaron a conocerse, a compartir cenas, charlas, hasta que un día se enamoraron. Hoy están casados y tienen dos hijos pequeños.

Al mismo tiempo que lleva adelante su empresa, Virginia cría a cuatro hijos. Los dos más grandes ya son adolescentes, y uno de ellos trabaja en BG Company. "Siempre fue una mujer muy trabajadora, pero a la vez muy presente", reconoce su hija, Delfina Mirenna. Nunca faltó a ningún acto del colegio", agrega su hermano, Mateo, "pudo llevar muy bien, de la mano, la vida laboral con la familia".

Virginia reconoce que, al principio, ocuparse de todo fue difícil, "pero no imposible". "Por eso, siempre que conozco a una mujer que tiene traspiés o tiene ganas de emprender, le digo que se anime", alienta, "yo creo que el secreto es hacer lo que te apasione".

BG Company abarca diferentes temáticas con sus regalos corporativos

Crisis, volver a empezar y una sabia decisión

BG Company crecía año tras año y hasta logró superar los 1.000 clientes. Constantemente sumaban nuevos productos para ofrecerles y aunque parecía que todo marchaba bien, hubo un año en que, de un momento a otro, muchos dejaron de comprar y las ventas cayeron drásticamente. Virginia no se explicaba por qué.

Hoy cree que esa crisis se debió a que perdieron el foco: "Nos concentramos mucho, en extremo, en la comunicación: redes sociales, estética, catálogo, fotos, eventos, todo hacia afuera", analiza "y perdimos el foco en las ventas verdaderas y en lo cotidiano".

Virginia llegó a esa conclusión luego de llamar a sus ex clientes para preguntarles por qué se había cortado el vínculo comercial. Supo que en varias empresas había cambiado el personal de Recursos Humanos y habían perdido su contacto; supo también que, en otras, comenzaron a comprarle a la competencia y esto la impulsó a analizar el mercado. Pero lo que más la alarmó fue escuchar que creían que BG Company había cerrado.

Un ex cliente llegó a esa conclusión porque hacía mucho tiempo que no lo contactaban, ni le mandaban mails, ni lo visitaban como antes. "Nos dimos cuenta de que habíamos perdido lo más importante, que era el vínculo con el cliente", reconoce la emprendedora.

Virginia no descansó hasta encontrar todo aquello que había que mejorar para que la empresa revirtiera la crisis. Fueron meses de importantes cambios. Sumó nuevos empleados, una camada de jóvenes a quienes, al principio, costó hacerles entender que debían limitar el uso del celular mientras trabajaban. "Realmente eso quitaba un montón de energía a la jornada laboral", reconoce hoy la emprendedora "no había margen para tolerar esas distracciones".

Para recuperar a sus clientes, otro de los cambios que implementó fue que todos los integrantes de la empresa se dedicaran, todos los días, a contactarlos para restablecer el vínculo. "Fue un volver a empezar, porque cuando uno toca fondo, siente que tiene que replantear conceptos de la empresa", reconoce hoy la emprendedora.

Fueron meses de un gran esfuerzo en los que su familia la veía llegar preocupada, estresada, trabajando todos los días en nuevas ideas para reflotar la empresa. "Siempre pude conversar con mis hijos y decirles: chicos, necesito que me banquen", explica Virginia, quien agrega que "ellos siempre estuvieron al tanto de todo porque forma parte del contexto familiar".

Finalmente, tanto esfuerzo dio su fruto. Comenzaron a llegar clientes nuevos, empresas jóvenes que no conocían sus productos. "En un mes triplicamos las ventas", celebra la emprendedora, "es historia real".

Cuando estalló la pandemia, Virginia pensó que se enfrentaba a un nuevo 2001.

Empresa recortando los regalos de forma dramática. Pero esta vez, la reacción de las empresas fue diferente. Había una necesidad de cuidar a los empleados y ayudarlos en esta transición, y llevó a Virginia a vivir una situación inesperada. Boom de consumo de regalos, sus empleados en la casa y ella, como al principio, armando los regalos a mano.

Atravesar todas las crisis que vivió BG Company desde que nació, dejó en esta madre emprendedora la convicción de que siempre hay que tener esperanza, "creo que es la única forma de avanzar". Al mirar hacia atrás y ver materializado su sueño de criar a sus hijos y trabajar a la vez, Virginia siente orgullo: "Ver a mis hijos, que me acompañaron desde muy chiquitos, trabajando hoy acá es una emoción que no puedo describir, la verdad que es increíble".

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