Antes de comprar una cava eléctrica para vinos, tenés que saber esto

Antes de comprar una cava eléctrica para vinos, tenés que saber esto
Son lindas, lucen bien en el hogar y permiten acomodar los vinos de manera ordenada. Pero, ¿son realmente indispensables las cavas eléctricas?
Por Juan Diego Wasilevsky
06.04.2021 18.10hs Vinos & Bodegas

No se puede negar: tienen buen diseño, quedan perfectas en el living o comedor y, las que tienen buen diseño, le pueden dar un toque de sofisticación al ambiente. Estamos hablando de las cavas eléctricas para vinos.

Las hay de diferentes tamaños, colores y versiones, pero el objetivo es el mismo: mantener cada botella a una temperatura constante a lo largo del tiempo; a una temperatura ideal para descorchar, servir el vino y disfrutar.

La cava eléctrica se constituyó así en un electrodoméstico que nadie creía que necesitaba, hasta que empezó a hacerse más masivo. Antes reservadas para la elite enófila que buscaba maximizar al placer vinculado con el universo del vino, las cavas hoy pueden ser hasta más comunes que un lavavajillas.

Ahora bien, antes de comprar una, no está de más hacerse la pregunta: ¿es necesaria realmente una cava? Si se trata de una simple cuestión impulsiva para saciar el placer consumista, entonces no hay más espacio para las argumentaciones. Si, en cambio, la decisión de compra depende de determinados factores que hacen a la conservación del vino, entonces cuestionarse sobre la utilidad de este electro lúdico cobra más sentido. Más cuando se trata de equipos que cuestan actualmente desde $20.000 y pueden superar holgadamente los $100.000.

¿Y cuáles pueden ser los factores? Primero y fundamental: ¿qué tipo de vinos vamos a guardar? ¿Son vinos de consumo inmediato o son vinos de guarda, que seguramente pasarán como mínimo un año en posición horizontal, esperando el momento?

Si la respuesta a esta pregunta es la primera opción, entonces no es mala idea preguntarse si se justifica ese gasto para tener un vino entre algodones que irá a la batalla en cuestión de días o semanas. No estamos hablando de que un vino económico no lo merezca, sino simplemente que ese vino no fue pensado para ese fin. 

Entonces, si los vinos que vamos a consumir son de alta rotación, el objetivo de la cava pasa a ser meramente el de un "enfriador de botellas".

VINOS | a cava eléctrica se constituyó así en un electrodoméstico que nadie creía que necesitaba

Entonces, la segunda pregunta que surge es: ¿no hay en cada casa un electrodoméstico que ya cumple esa función desde hace décadas? Tal vez no destile un diseño sofisticado y no se vean las botellas descansando y esperando el momento del descorche, pero la heladera cumplen su función.

En sus redes, el reconocido enólogo Angel Mendoza, acaba de hacer una reflexión sobre este punto: "Siempre recomiendo el uso de la heladera como lo más práctico para conservar vinos, sobre todo en los espacios donde se guardan las verduras".

"Hace 50 años que propongo y sugiero que en el hogar, todos los vinos se deben guardar a temperatura constante de 12 grados", acota para luego declarar "inaceptable" que se considere un error conservar las botellas en la clásica y querida heladera hogareña.

Incluso, brindó una pequeña guía técnica sobre cómo acomodar cada vino, en función de la temperatura que necesita: "Abajo guardo los vinos tintos; más arriba, los blancos; y más arriba aún, los espumosos, para reducir su presión interna y no se contaminen con el sabor a tapón". Finalmente, en la parte más cercana del congelador o freezer, el enólogo recomienda guardar los vinos de guarda, especialmente aquellos con más de 10 años, "para detener definitivamente las reacciones de envejecimiento prematuro".

"Mientras el electrodoméstico sea blanco, se llama heladera. Pero si lo pinto lo ploteo, lo transformo en el mejor conservador de vinos", reflexiona con algo de ironía, para luego concluir: "Espero que los jóvenes wine lovers no acepten que guardar vinos en la heladera es un error".

 

Ahora bien, si nuestra pasión por los vinos nos lleva a tener algunas etiquetas de guarda, que van a tener una estadía relativamente larga en casa, empiezan los problemas de espacio: si se adquiere una cava con capacidad para 6, 8 o 12 botellas, implicará que tarde o temprano algunas botellas deberán hacer el sacrificio por otras. Por eso, antes de comprar un equipo que cumpla esta función es importante planificar el tamaño de la colección de vinos y cuánto se podrá ampliar o achicar en el mediano plazo.

Y, el otro punto, crítico por cierto, está vinculado con la calidad de los equipos. No es una leyenda urbana: las cavas eléctricas económicas tienden a fallar en pocos años, incluso, antes que una heladera convencional. A esto se suma que si los materiales no son de calidad, como los burletes, entonces tarde o temprano habrá problemas con el mantenimiento de la temperatura y de una variable crítica como la humedad.

Este último aspecto no es menor y es un defecto de la mayoría de las cavas que inundan el mercado: no vienen equipadas con un sistema que permita controlar y mantener la humedad interna. Si vas a conservar un vino durante un tiempo, entonces es decisivo que la temperatura no caiga por debajo del piso del 60%, pero que tampoco supere el 75%. En este caso, más humedad o menos humedad de la ideal es perjudicial para la calidad del vino.

VINOS | Antes de comprar una cava eléctrica para vinos, conviene hacerse varias preguntas antes

Entonces, a modo de conclusión, son varias las preguntas que hay que hacerse si es que se piensa la cava como una herramienta para conservar bien los vinos. Y la solución, en ese caso, seguramente se reduzca a una cuestión: comprar equipos de alta gama, que cumplan con todos los requisitos. Y eso, claro, cuesta más plata que adquirir un modelo genérico.

Como marcábamos anteriormente, si la cuestión pasa por una cuestión estética y darse un simple gusto, sin pretender que sea una compra racional, entonces a entrar a una tienda de ecommerce y a elegir un equipo en función del presupuesto que se quiera gastar, sea poco o mucho. 

Claro que, en este caso, tampoco está de más la pregunta: ¿y si esa plata la gastamos en vinos ricos que luego puedan guardarse en la heladera? Porque, ¿quién nos quita lo bebido?

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